En las últimas semanas, ejecutivos de empresas líderes en IA, como Google, Microsoft, Anthropic y OpenAI, han predicho que una nueva generación de asistentes digitales, denominados “agentes de IA,” cambiará por completo la forma en que las personas interactúan con las computadoras.
Aseguran que esta tecnología, que será un enfoque principal de la industria en 2025, inicialmente automatizará tareas mundanas como compras en línea o ingreso de datos, y eventualmente abordará trabajos complejos que pueden llevar horas a los humanos.
Esto de los agentes de inteligencia artificial que quieren controlar tu computadora no es ciencia ficción; es más bien un capítulo extra de ese manual de instrucciones que nunca leemos sobre cómo nos van a joder en el futuro.
Piénsalo: ahora resulta que los mismos tipos que llevan años espiándonos con cookies, anuncios personalizados y aplicaciones que te piden permiso hasta para saber si respiras, quieren que les demos acceso completo a nuestras vidas digitales. ¡Y no solo eso! Además, quieren que lo hagamos con una sonrisa, convencidos de que nos están "ahorrando tiempo". Es como si el ladrón que te asaltó ayer volviera hoy, pero vestido de butanero, para ofrecerte un descuento en la próxima visita.
Dicen que estos agentes de IA podrán hacer cosas por nosotros: comprar el pan en línea, responder correos electrónicos, reservar citas médicas. Todo muy cómodo, ¿no? Pero si algo he aprendido en esta vida es que la comodidad siempre tiene un precio. Como cuando te suscribes a una app gratis para escuchar música y terminas siendo el protagonista de un anuncio sobre cremas para hongos en los pies. El truco está en que el precio no siempre es evidente... hasta que ya es tarde.
Y lo que más gracia me hace es la contradicción descarada de esta gente. Por un lado, te venden que los agentes serán tan listos que podrán planificar tu vida mejor que tú mismo; por otro, reconocen que son tan ingenuos como un perro que sigue ladrándole a su reflejo en un espejo. Dicen que un "experto" logró que un agente IA descargara malware solo con un mensaje en una página web. Imagínate: el agente que supuestamente iba a cuidar de tu agenda termina metiendo un troyano en tu computadora. Es como contratar a un guardaespaldas y descubrir que se emborracha a la primera ronda.
Y, claro, luego vienen las "preocupaciones por la privacidad." ¡Qué bonitos son los comunicados de estas empresas! Te aseguran que todo estará bajo control, que los datos estarán seguros, pero ya conocemos la historia: si Google ni siquiera pudo evitar que salieran a la luz fotos de gente pillada en lugares comprometidos con el coche de Street View, ¿cómo demonios van a manejar algo tan complejo como un agente de IA que, además, tiene acceso a tus capturas de pantalla?
Es que te lo digo: esto de los agentes de IA es como darle las llaves de tu casa al vecino chismoso del segundo, con la promesa de que solo entrará a regarte las plantas. ¿Y qué pasa cuando las plantas están regadas? Pues que empieza a mirar tus fotos, leer tus cartas y, si se descuida, se bebe hasta tu reserva de whisky.
Y cuidado, porque no es solo cuestión de privacidad, sino de poder. Cuando se menciona que en los lugares de trabajo podríamos estar entrenando a estos agentes de IA para que eventualmente nos reemplacen, lo que está diciendo es que estamos pagando nuestra propia cuenta para quedarnos sin empleo. Es como si a los obreros que construían la guillotina durante la Revolución Francesa les hubieran dicho: "Tranquilos, esto es para mejorar la eficiencia del sistema."
Así que, amigo, no sé tú, pero yo mantendría a estos agentes bajo llave. Sí, pueden ser útiles, pero la historia nos enseña que cada vez que entregamos un poco más de control, lo hacemos con la ingenuidad de quien piensa que esta vez, esta vez, todo saldrá bien. Y ya sabemos cómo acaba eso: con un "error de sistema" que curiosamente siempre termina en nuestra contra. ¿Un café?



